El sesgo predictivo.

Los sesgos cognitivos o prejuicios cognitivos, son una distorsión de la información en el procesamiento mental. Damos mucha importancia a algunos aspectos en detrimento de otros, y esto,  genera mala interpretación, inexacta, parcial, subjetiva e irracional. Nos llevan a tomar decisiones sesgadas.

Todos tenemos sesgos cognitivos fruto de nuestra cuna e historia personal. A lo largo de nuestra vida evolucionan, cambian, se reafirman, cristalizan. 

El sesgo predictivo se expresa como la actitud y voluntad de  sentenciar, presuponer, señalar, avisar, adivinar, querer concretar supuestas realidades. También, el receptor del vaticinio, interactúa de forma positiva, es decir, lo hace suyo, lo acepta, se somete al dictado, y esto se hace consciente o inconscientemente. 

Veamos algunas definiciones:

1.      Predicción: acción y efecto de predecir.

2.      Predictivo: Que predice o sirve para predecir.

3.      Predecir: Anunciar por revelación; supuesto conocimiento fundado; intuición o conjetura; algo que ha de suceder. 

Esta palabra está compuesta por el prefijo “pre”, que quiere decir “antes”, y por la palabra “decir”, o sea, decir algo antes que nadie, anticiparse.

Desde la noche de los tiempos, todas las civilizaciones han utilizado conscientemente esa acción. Unos pocos, lo regulan y estructuran, lo utilizan y controlan, lo manipulan, afirman y sentencian lo que puede ser o no ser. Otros, el resto de la población (la mayoría), quedan a la espera de que suceda la predicción. Se acomodan en sus vidas de forma pasiva, aceptan, asumen, se someten a la norma y, en cierta manera, atraen el suceso predicho: sesgo de la profecía autocumplida.  

Son muchas personas e instituciones las que emiten predicciones: los religiosos, los políticos, las instituciones económicas,  los astrólogos y  videntes, la influencer y el tiktoker, los medios de comunicación, las redes sociales, los algoritmos,...

El sesgo predictivo, básicamente, predice y sentencia, dibuja un supuesto escenario. Se argumenta en una tradición o costumbre, en la norma, en una supuesta autoridad legítima. Puede afirmar que es por derecho divino, por mandato de Dios.

El sesgo predictivo se desenvuelve con un vocabulario básicamente binario: bien y mal, día y noche, caliente y frío, húmedo y seco, dios y demonio, mujer y hombre, positivo y negativo, maléfico y benéfico, terrorista y patriota… Etc. Con este juego de palabras, se asienta en nuestra mente una estructura predictiva binaria. Además, se acepta prácticamente de forma sumisa la autoridad de quien promulga estas directrices, oponiéndose férreamente a quien osa contradecir la norma o sentencia.

La izquierda y la derecha política no quedan exentas de este sesgo, y muestran dos maneras de interactuar: la primera, de forma abierta, dejando espacio a otras maneras de pensar, a otros sentires; la otra, la derecha, abraza la regla, la jerarquía, el orden institucional heredado de un pasado pétreo.

Si analizamos la evolución de la especie humana, tiene mucho sentido este apego al sesgo predictivo. Todos, desde niños, hemos escuchado frases predictivas de nuestros padres, sobre todo cuando osábamos desafiar el orden establecido o cuestionábamos el porqué de las cosas. Se puede afirmar que este sesgo está enraizado en nuestro ADN, quizás como una reacción natural a la supervivencia; es decir, aquel que osaba desafiar a la autoridad acababa en la hoguera, y nadie quiere eso, así que la sumisión a la norma se abre paso en todas las sociedades.

Existen otros sesgos cognitivos que conviven con el predictivo: 

-          El sesgo de retrospectivo o prejuicio de retrospectiva, en el que se presupone una cierta previsibilidad de que algo ocurra porque ya había ocurrido.

-          El sesgo de ilusión de validez, que concede un exceso de supuesta veracidad a un suceso predicho con base a una información recibida.

-          El sesgo de halo, el cual nos  alinea con una opinión recibida que resuena o no en nosotros, una primera impresión que nos deja posicionados.

-          El sesgo cognitivo de la profecía autocumplida, sesgo que se enfoca en creer que algo que nos han predicho de antemano nos va a suceder. 

La predicción convive con nosotros: en la predicción del tiempo, en cómo evolucionará una determinada empresa en bolsa.  Predecir forma parte de nuestra manera de ser, y solemos opinar sobre los demás de forma determinista y predictiva.

Veamos algunas expresiones: 

Se van a divorciar… Esa pareja no le conviene… Ese trabajo no es para él… No sirve para esa tarea…  Eso que está haciendo le viene grande…  Seguro que le está engañando… Ha tenido mucha suerte. Y cuando un adulto le dice a un niño: "Los niños no hablan… cállate y escucha a los mayores… te vas a mear encima… Pórtate bien, si no, no vendrán los Reyes Magos…

La mayoría de las veces, estas suposiciones sesgadas, estas proyecciones son el resultado de nuestras propias experiencias, de nuestra herencia cultural y familiar, y al pronunciarlas, lo que sucede es que se colapsa una determinada realidad o escenario, como sucede en la mecánica cuántica en el experimento de las rendijas.

El psicólogo Daniel Kahneman, quien realizó notables trabajos sobre el juicio y la toma de decisiones, así como sobre la economía del comportamiento, nos decía: 

“Estamos predispuestos a pensar que el mundo es más regular y predecible de lo que realmente es porque nuestra memoria, de forma automática y continua, mantiene una historia sobre lo que está sucediendo, y porque las reglas de la memoria tienden a hacer la historia tan coherente como sea posible y a suprimir las alternativas. El pensamiento rápido no duda. [...] cuando una impresión convincente entra en conflicto con nuestro conocimiento, la impresión generalmente prevalece [...]

En algunos contextos sociales, las personas buscan ansiosamente esa respuesta, la predictiva: ¿Encontraré trabajo? ¿Será esta mi pareja? ¿Cambiará mi suerte? Al mismo tiempo, aceptan la infalible autoridad de que algunas personas afirman poseer. Así tenemos un juego de relación predictiva: uno que predice, y otro que acepta la predicción. Quien acepta la predicción asume la veracidad de quien predice, y acude de forma pasiva y receptiva. Quien se yergue como predictor, lo hace a menudo, asumiendo una autoridad que se cree veraz y experimentada, o divina e infalible.

La predicción, el pronóstico, el vaticinio, la adivinación, pertenecen al reino de la regla y la estructura, y apoyados en ella, uno se yergue ante los demás como una autoridad incuestionable e irrefutable, y se hace inconscientemente. 

En una interacción entre dos o más personas, que uno prediga, que hable antes que los demás, y qué en su acción de predecir, manifieste que algo es así, que puede ser así, que parece ser así, básicamente, lo que está haciendo es colapsar una determinada posibilidad, un escenario concreto. Como un mago de cartas, capta la atención de sus espectadores y hace que miren (piensen) lo que él quiere; pocos ven el truco. Es decir, esta acción en sí misma colapsa una supuesta realidad, una opinión, un escenario, una posibilidad, y el resto de posibilidades quedan ocultadas, relegadas, negadas, olvidadas, incluso desterradas.  Por este motivo, las palabras del poeta norteamericano Walt Whitman (1819-1892), “se curioso, no prejuicioso”, son el antídoto perfecto para no ser predictivo.  

Neurociencia y mente predictiva:

La mente se conduce a través de diferentes tipos de pensamientos: circunstancial, descarrilado, lateral, intrusivo, obsesivo, rumiativo y, sobre todo, el asociativo.

Por ejemplo, el pensamiento descarrilado o tangencial (vagabundeo sin retorno), a veces, nos conduce a la creatividad, posiblemente a través de lo que se conoce como mente o pensamiento lateral.

El pensamiento asociativo es la base y el fundamento de nuestra mente, de la que se desprende la disposición predictiva. Esta realidad obedece a que nos proyectamos ante situaciones o personas e intentamos anticiparnos a supuestos escenarios. Es un mecanismo de supervivencia que se remonta a los albores de la especie humana.

"El cerebro genera predicciones para anticipar el futuro proactiva y constantemente". Moshe Bar.

Por asociativo entendemos que un pensamiento se une a otro por un vínculo, una asociación de ideas o conceptos, o por acción-reacción. Con el paso del tiempo, esto se cimenta en nuestra mente a través de las vivencias; incluso generamos simulaciones no reales (en la imaginación; no vividas) que se suman al conjunto de vínculos y pensamientos asociados. De esta manera, la mente se anticipa (pre) y señala un escenario (dictiva): predictiva.

"Muchas de nuestras decisiones son el fruto de las simulaciones predictivas y proactivas de nuestro cerebro". Moshe Bar

¿Cómo sería no ser predictivo?

No decir nada, no intervenir, no opinar, no posicionarse. Escuchar atentamente, de forma activa, y plantear preguntas que lleven a nuestro interlocutor a cuestionar por sí mismo sus afirmaciones, a rebuscar en sus interrogantes. 

Aunque dispongas de mucha información sobre un determinado tema, incluso si eres una eminencia, no presupongas, siempre escucha, deja que los demás lleguen por sí mismos a dicha percepción o conocimiento. 

Si te preguntan encarecidamente, quizás te sientas tentado a explicarles lo que sabes. Puede ser una buena opción, pero también mala. Hay que obligar y estimular  a que las personas piensen por sí mismas. No olvidemos que muchas veces nos educan a no pensar. 

 Sabiendo o creyendo saber, adopta una actitud prudente y abierta, deja que nuestros interlocutores descubran por sí mismos. Aunque tengas toda la información, o creas tenerla, y sepas que esto o aquello es así, o puede ser así, que puede pasar esto o aquello, actúa de manera que sean los demás quienes descubran la información. Puedes interactuar realizando preguntas sutiles y abiertas, para que quien te escucha, escudriñe en su interior y manifieste su opinión. Con este enfoque la sorpresa está servida, ya que muchas veces escuchamos cosas que no imaginábamos: siempre aprendemos.