Sincronicidades

Concepto general en el sentido especial de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal. Jung. 

Una sincronicidad entrelaza varios elementos en un determinado instante, por ejemplo, dos personas entre sí, o personas y cosas, y todo, sin una aparente conexión entre ellos.

Jung afirmaba que las personas y el entorno están conectados de forma íntima, y que de esa realidad emergen las sincronicidades, creando circunstancias coincidentes.

Francesca: ¿Qué hace que sea diferente, Robert?   

Robert: Verás, cuando pienso en por qué hago fotos, la única razón que se me ocurre es que me parece que he estado viajando hacia aquí. Y ahora, ahora me parece que todo cuanto he hecho en mi vida me ha estado conduciendo hacia ti.

Los puentes de Madison, Robert James Waller

Podemos establecer dos niveles de sincronicidades: probables e improbables. Hagamos un ejercicio de reflexión: dos personas que no se conocen para nada cruzan sus miradas y emerge un flechazo. 

1.      Esas personas que se miran comparten un entorno social, un estatus más o menos próximo. Pueden o no compartir una historia común, pero hay elementos que las relacionan. Sincronicidad probable. 

2.      Puede darse el mismo acto de sincronicidad, pero con personas de ámbitos muy dispares, incluso lejanos. Sincronicidad improbable.

Podemos pensar que, por el simple hecho de estar paseando por una determinada calle, un día cualquiera, en una población equis, todas las personas que por allí transitan tienen un nexo que las une, y así es. 

Vivimos en un planeta que a su vez participa de un sistema solar, y que además, se encuentra en una galaxia, y esta, comparte espacio con un número infinito de galaxias: todo en un aparente equilibrio cósmico. Podemos calcular la cantidad de energía que tiene una estrella, saber aproximadamente la vida que le queda. También, podemos hacer lo mismo con determinadas formas de vida celular, sin embargo, todavía no comprendemos con exactitud porque emergen estas sincronicidades aparentemente aleatorias.

El budismo ñingmapa explica (el primero que se instauró en Tíbet), que toda acción genera una reacción, un karma, ya sea bueno o malo,  y que cuando las circunstancias son favorables o propicias, el fruto de la acción emerge como un águila precipitándose sobre su presa, o como la sombra de un ave que de repente desciende y se ve en el suelo. 

ALGUNOS TIPOS

1.      AVISO. Recibimos una señal ante una decisión o situación, o haciendo algo en concreto. Es posible que solo sea reflejo de precipitación o estrés.  El aviso puede ser moderado, simple, una pequeña señal o gesto, algo pequeño, o puede ser algo más significativo, más visible y notorio. Por ejemplo, quiero ir a comprar algo y al salir de casa me encuentro un accidente. Continúo con mi decisión inicial y aquello que compro no me sirve para nada: ¿podía haberme ahorrado el dinero?

2.      CONFIRMACIÓN. Señales que parecen indicar que estamos en buen camino, encaminados, en la dirección correcta, o haciendo algo, o lo que estamos haciendo se corresponde con una cierta “realidad”. Puede ser un nombre, un número, un símbolo, una canción, cualquier cosa. Por ejemplo, estamos en una ciudad y echamos de menos a otras personas, familia, amigos, pero las señales confirman que estamos donde debemos, y así pasa el tiempo.

3.      CAMBIO. Puede ser un conjunto de cosas, señales, sensaciones, algo que de repente se levanta ante nosotros, como una polvareda. Podemos estar atentos o dormidos ante las señales. Se puede presentar cuando estamos seguros y tranquilos al realizar una tarea. Por ejemplo, estamos arreglando algo en casa o en el trabajo, y de repente, se rompe, no podemos continuar, nos vemos obligados a plantear otras opciones. Quizás este hecho en sí mismo carece de relevancia, pero de repente, tomamos otro camino, otras decisiones, otras acciones. 

4.      OPORTUNIDAD. Aparece ante nosotros como una opción de cambio, como algo que se nos ofrece: un cambio de trabajo, de pareja, de residencia.  Esta situación se abre como una oportunidad y nos lleva a nuevos escenarios. En este caso, la sincronicidad actúa como una llave que abre una puerta. Por ejemplo, estamos trabajando en nuestra mesa y un compañero comenta con otro en voz alta que deja su casa y que tiene que deshacerse de todos los muebles, y nosotros, que nos hemos mudado a un nuevo apartamento, lo oímos, y no tenemos muebles. 

5.      MANIFESTACIÓN. Piensas en alguien y te llama. Buscas algo y aparece ante ti. Puede parecer como una anticipación a algo que nos aguarda, si bien es una sincronicidad entre dos cosas, persona y objeto. También puede ser la capacidad de nuestra mente, que al pensar en algo concreto, esto colapse y se manifieste. Es nuestra capacidad de colapsar “realidades”.

6.      ENTRELAZAMIENTO PASADO-FUTURO. Cuando el pasado y el presente se abrazan singularmente. Por ejemplo, en el pasado alguien guardó o escondió un libro, un objeto, en algún lugar.  En el presente, aparecemos nosotros en el escenario e, inconscientemente y espontáneamente, nos dirigimos al lugar para encontrarlo, recogerlo, recibirlo, como si supiéramos qué hacer. Lo curioso de esta sincronicidad es el valor y el protagonismo de todo cuanto interactúa. Si lo piensas, ¿qué conexiones teníamos con aquella persona que escondió esto hace trescientos años?

7.      SERENDIPIA. Sucede cuando estás buscando algo intensamente y aparece algo sorprendente que no tiene nada que ver. Es un tipo de sincronicidad que emerge cuando toda nuestra atención y energía se focaliza. La penicilina, los rayos X, la viagra, la radioactividad, el velcro y la Coca Cola, son algunos ejemplos. Son cosas que se han descubierto de forma fortuita, pero que conectaron a personas con cosas sin una relación aparente.  

8.      BARDO, “apertura de conciencia”. Es un término budista que sirve para señalar el preciso instante en que se abre una brecha en nuestra conciencia. Como una grieta. 

Cuando sucede una poderosa sincronicidad, el espacio y el tiempo se pueden estirar, prolongar, aunque solo sean unos segundos. En este caso, hablamos de la sincronicidad más potente. Por ejemplo, cuando alguien tiene un accidente mortal pero sobrevive,  visualiza a cámara lenta todo ese instante y también toda su vida. 

Esta sincronicidad se puede replicar con sustancias alucinógenas, hongos, conectando nuestra realidad temporal con el “Todo”. También se puede generar con profundos procesos de meditación.  En ambos casos, es como si te quitasen un sombrero que te impide ver y sentir la vida misma como una sucesión constante de sucesos sincrónicos. 

9.      DEJAVU. Hay sincronicidades que despiertan en nosotros la sensación subjetiva de “esto ya lo he vivido”. Es una percepción alterada de la conciencia. Nosotros y el momento, interactuando singularmente. Solo tiene un valor sobre nosotros, sobre lo que estamos viviendo en ese preciso instante. 

10.  PRESENTIMIENTO, profecía. Determinadas sincronicidades hacen que se activen los presentimientos, vislumbres, videncias: Un sonido, un aroma, un símbolo, una frase, una palabra o canción, un sueño... Este tipo de sincronicidad nos conecta con sucesos aún por venir o que están sucediendo en el preciso instante. Algunas personas tienen frecuentes estados sincrónicos que les anticipan e interconectan al resto de humanos. 

“Todo cuanto sucede es sincrónico; todo es una sincronicidad”. 

11.  OBSERVADOR. Iba a acabar con la número diez, pero de repente, me ha sobrevenido una nueva percepción, la del agudo observador.

Quizás no experimentes sincronicidades destacables, quizás no interactúes como antes, incluso puede que vivas apartado del mundanal ruido, pero puedes observar y percibir las sincronicidades en tu entorno, que, por cierto, también son tuyas.

Puedes deleitarte observando la naturaleza, el baile incesante que discurre por doquier; eso sí que lo puedes hacer, y como un surfista, deslizarte por el borde de las olas sintiendo el universo en tus pies.  

Como estamos muy enfocados sobre nosotros mismos, muy vinculados con el personaje que somos, sencillamente, no somos conscientes de todo cuanto acontece. Podemos pasear por cualquier sitio sin darnos cuenta de nada, solo preocupados de nuestras cosas.

Si nos detenemos, si simplificamos nuestra existencia, si tomamos tiempo para “vivir” y contemplar la vida pasar, entonces seremos más conscientes de esta danza cósmica de la que somos partícipes temporales. 

Ábrete a las sincronicidades; ábrete a percibirlas en todo momento”.