Pienso, luego existo... ¿Y si no pienso?
“Cogito ergo sum”. René Descartes
Esta sencilla frase abre la puerta a un universo subjetivo: el de nuestra percepción de la realidad y el de las interacciones que genera.
Reflexionemos:
Cuando emitimos una opinión ante un público, sea positiva, negativa o ambigua; cuando negamos que algo sea posible o imposible; cuando decimos que esto no nos interesa; en definitiva, cuando pronunciamos unas palabras (o pensamientos), configuramos/colapsamos una supuesta realidad subjetiva.
El mago de cartas, con su discurso y con sus juegos de manos, lleva nuestra atención a donde él quiere, y de esta manera, sugestiona y condiciona nuestra percepción de la realidad. Lo mismo sucede cuando interactuamos con información o pensamientos. Nos posicionamos, colapsamos nuestra interacción.
Por ejemplo:
Si alguien nos está explicando cómo puede ser una persona, ya sea porque es un psicólogo el que narra o un amigo, lo que está haciendo es dibujar un supuesto perfil en nuestra mente. Lo puede aderezar con argumentos más o menos autorizados. Nosotros podemos comprar ese discurso, asumirlo, negarlo, cuestionarlo, en cualquier caso, interactuamos dentro de un espacio delimitado, una realidad subjetiva. Esto es lo que sucede en el mundo de las ideas, de la forma y de los adjetivos, el mundo de las opiniones y de las personas.
Por nuestra parte, como seres humanos, solemos estar a la caza de ideas y de percepciones. Tenemos abiertos los centros de percepción y, prácticamente, lo aceptamos/gestionamos todo sin cuestionar nada.
¿Qué quiere decir todo esto?
Que constantemente nuestra opinión y percepción es colapsada por la información que recibe, y de esta manera, nuestro universo de “realidades” queda delimitado, empequeñecido, incluso castrado.
Nosotros ya traemos de fábrica una manera de funcionar; es fruto de nuestra educación y herencia social; es un formateo mental, no cuestionado ni revisado, para nada diseccionado. Lo damos por válido. Con este sistema interno, interactuamos con nosotros y con lo que nos rodea. Nuestro entorno hace lo mismo, así que todos nadamos en un universo subjetivo delimitado de ideas y de posibilidades.
Básicamente, hay dos maneras de interactuar y de colapsar nuestra realidad subjetiva: La primera ya la he descrito, y la segunda, se refiere a desarrollar una actitud analítica y neutra al mismo tiempo, más abierta, infinitamente abierta, al tiempo que queda en reposo, al igual que en un estado de meditación.
La meditación consiste en traer la mente a casa. Observar sin intervenir. Sentir sin actuar. Ser sin necesidad de afirmar. Es un estado que no pretende nada y, por supuesto, no pretende colapsar realidades subjetivas con afirmaciones o negaciones. De esta manera, se va más allá de lo puramente conceptual y subjetivo.
Resumiendo: es normal y natural que tengamos opiniones, que interactuemos con ellas, pero no perdamos de vista un “Universo de Posibilidades” que hay más allá de nuestro universo subjetivo y colapsado por nuestros sesgos personales.
Y para acabar, reformulemos la frase de Descartes:
¿Y si dejo de pensar, dejare de existir, o existiré de otra manera?