Fases y tips en un proceso de coaching simbólico.

En este artículo voy a compartir contigo una serie de reflexiones que nos sumergen en la sensibilidad que hay en el coaching simbólico.

1.      Presentación. Primer contacto con el cliente: Debemosrealizar adecuadamente esta fase, sin prisa, con cercanía y sensibilidad. A menudo acuden personas con graves problemas psicológicos que requieren de una total dedicación y empatía. 

Debemos escoger el momento adecuado para escuchar y atender sin interrupciones. Para tratar con delicadeza y esmero.  

El cliente, la cliente, podrá relatar con sus palabras y con total libertad qué es aquello que le inquieta; podrá exponer el motivo de su consulta. También será preguntado por sus expectativas con el servicio, qué espera conseguir. 

A menudo, aquello que no se menciona en la presentación es la clave y el nudo de la consulta. 

2.      Recabando información. Cuando acudimos a un servicio de coaching o de psicología, el profesional se toma su tiempo para conocer al cliente. Sin prisa, capta sus matices y detalles; va recogiendo sus rasgos más notables. Preguntas y más preguntas, análisis, postura corporal, gestos, miradas. Conocer su historia personal, familia, ancestros, antecedentes.

Las primeras sesiones son necesarias; las preguntas y las respuestas dan pistas sobre los problemas e inquietudes que tiene el cliente. 

El coaching simbólico percibe a las personas desde dentro; se enfoca en comprender y sentir su singular naturaleza; estamos conociendo su alma y esencia.

Con una mentalidad cuántica, abierta, sin entrar en ningún tipo de juicio, vamos a realizar un viaje a través de sus “realidades y singularidades”.   

3.      Empatizar. Es fundamental que el coach se meta en la piel de la persona: mirar como mira, tocar   igual que él/ella, sentir lo que siente. Para realizar un buen servicio, lo adecuado son varias sesiones; de esta manera la empatía y la “simpatía” entre coach y cliente van acrecentándose y facilita la interacción.  

4.      Escucha activa. Esta herramienta favorece la interacción entre coach y coachee (cliente). Preguntar es fundamental, con sinceridad y sin prejuicios.  “Realizar las preguntas correctas nos enfoca ante lo que realmente sucede”. Muchas veces, las propias respuestas señalan la solución del problema o conflicto. 

5.      Comunicación.Que las palabras no sean un obstáculo”.  A menudo observo cómo algunas personas se enzarzan sobre el significado de las palabras, sobre lo que creen que significan determinadas expresiones.  En una consulta de coaching simbólico, meterte en la piel del cliente es ir más allá de las palabras y de sus limitaciones: a veces decimos cosas sin mencionarlas. En una buena comunicación, el coach debe interactuar de forma tranquila, quiero decir que debe ser receptivo, ante todo, percibiendo los detalles y las sensaciones.  

6.      Singularidad. Todos y cada uno de nosotros somos una singularidad. Esto significa que cada persona tiene su camino, sus recetas, su particular “medicamento”, su destino, su propósito en la vida. Claro que hay pautas generales, sociales, del colectivo, pero que se deben adecuar a la singularidad de cada alma. Tomar conciencia de esta realidad es un paso previo a la resolución del conflicto/problema, aunque también, no debemos descartar que el problema  sea en sí mismo  la levadura que nos lleve a otra dimensión de conciencia, o sea, que sea necesaria su vivencia y comprensión. 

7.      Motivación. Cuando el cliente reconoce su propia singularidad, cuando toma conciencia de sí mismo, emerge una motivación legítima y espontánea. Podemos ser conscientes de nosotros, pero tímidamente, manteniéndonos en un segundo plano, sin afirmarnos realmente. La motivación es el viento que infla nuestras velas y nos enfoca hacia un destino. Se consigue, primero, reconociéndonos y, en segundo lugar, siendo consecuentes con nosotros mismos. Rodearnos de personas que nos acepten tal cual somos puede ser una buena ayuda.   

8.      Empoderamiento. Se consigue estableciendo una estrategia, un plan personal, un plan de trabajo, con astucia y habilidad. Todos debemos tener un plan, a corto, medio y largo plazo. Tener objetivos asequibles e ir avanzando. ¡Debemos tener un plan! 

9.      Soporte. Llegados aquí, en este preciso instante, todo parece sencillo y asequible. Podemos forjar herramientas que nos ayuden en el proceso del coaching simbólico, adoptar pautas diarias, ejercicios, hábitos, y con esto, tener un seguimiento, un soporte que nos anime y acompañe en el “viaje” de transformación.   

10.  Variables. Lógicamente, en cualquier proceso de autoconocimiento surgen novedades, sorpresas. Esto es así, y a medida que se van presentando, se implementan medidas, actitudes personales, estamos creciendo, estamos cambiando: es lo normal.

Podemos continuar, pero valga esta introducción para dibujar un proceso de coaching simbólico. Este método es válido para cualquier área de nuestra vida, desde lo personal hasta lo social y laboral.