Inteligencia Emocional

El secreto del éxito es aprender a usar el dolor y el placer en lugar de que el dolor y el placer te utilicen. Si haces eso, tienes el control de tu vida. Si no lo haces, la vida te controla”. Tony Robbins.

La inteligencia emocional se define como la capacidad que tiene el ser humano para gestionar la emoción de manera proactiva, es decir, actúa como una herramienta para mejorar el razonamiento y la toma de decisiones teniendo como eje las emociones. El autor, Goleman, conecta las características de la inteligencia emocional con el liderazgo.

La inteligencia emocional (IE) identifica los sentimientos propios y ajenos, y aprende a manejarlos, gestionarlos. Hablamos de inteligencia intrapersonal, relación con uno mismo, e interpersonal, relación con los demás. 

Las investigaciones de Daniel Goleman manifiestan que la inteligencia emocional dobla en importancia a la agudeza mental (coeficiente intelectual) a la hora de alcanzar el éxito en el lugar de trabajo; concretamente, los estudios de Goleman indicaron que la IE es el doble de importante (66% frente al 34%) que el conocimiento académico o técnico en el lugar de trabajo. Para los coaches profesionales es un prerrequisito imprescindible. 

La IE puede dividirse en cinco ámbitos: identificar las emociones que se sienten (conciencia de uno mismo), gestionar las emociones, motivarse, reconocer las emociones en los demás y gestionar las relaciones. 

La IE invita a los coaches más eficientes a trascender el nivel básico de formular preguntas para fomentar la conciencia y la responsabilidad personal, saber escuchar, seguir el camino que marca el cliente y la secuencia del GROW. El coaching es mucho más que eso. Los coaches formados en áreas de la psicología transpersonal invitarán a sus clientes a replantearse la vida como un viaje de desarrollo personal, a que vean el potencial creativo que esconde cada problema y a que perciban los obstáculos como oportunidades. 

Los hombres deben saber que el cerebro es el responsable exclusivo de las alegrías, los placeres, la risa y la diversión, y de la pena, la aflicción, el desaliento y las lamentaciones. Y gracias al cerebro, de manera especial, adquirimos sabiduría y conocimientos, y vemos, oímos y sabemos lo que es repugnante y lo que es bello, lo que es malo y lo que es bueno, lo que es dulce y lo que es insípido”. Hipócrates.