Los sesgos cognitivos.

"Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho". Walter Lippmann. 

Ante un evento singular, por ejemplo, un eclipse solar, gestionamos la información que recibimos/emitimos con claros condicionamientos y sesgos cognitivos. 

Todos estamos sujetos en mayor o menor medida a esta realidad, pero no todos tienen más o menos conciencia de lo que esto supone. 

Ejemplo de posible interacción con un evento:

Si tu creencia es que este evento es negativo y pernicioso, interactúas con personas que piensan y sienten como tú, rechazando o evitando a quienes no le dan importancia o piensan diferente: no escuchas ni valoras otras opciones. Buscas y buscas más información, sucesos, catástrofes y demás eventos destructivos. Tu mente y tu estado emocional amplifican la resonancia del evento, te hacen más vulnerable y susceptible ante cualquier circunstancia, en definitiva, lo magnifica. 

Existen innumerables sesgos cognitivos, por ejemplo, el de la profecía autocumplida, el cual nos enfoca en un estado de ánimo y comportamiento que busca que algo se cumpla, pero al enfocar nuestra mente y emociones en una determinada dirección, atraemos el suceso, colapsamos el evento.

Algunos sesgos como la inclinación a la negatividad, predisposición, confirmación, ilusión de grupo, observación selectiva, retrospectiva reestructurada, oposición y resistencia al cambio, o a la autoridad o persona a quien confiamos ciegamente, condicionan nuestra opinión y nuestras acciones. 

Quizás es que no nos enseñaron o educaron a cuestionar, a debatir, a pensar por nosotros mismos y promover una actitud abierta y receptiva.

Es obvio que tenemos un pasado, una dinámica e inercia que nos lleva ante un “precipicio”; algunos pueden decir que es un karma el que nos ha llevado hasta este preciso instante. Sea como fuere, tomar conciencia de quiénes somos y en dónde estamos es el primer paso para empoderarnos. 

La vida tiene infinidad de matices; además, a cada instante, varían y colapsan de diferente manera. 

Ante un evento, abre tu mente y corazón, ábrete a un universo de posibilidades. Fluye. Penetrar en la íntima y última realidad de un evento nos lleva ante paradigmas profundos y trascendentes, con nosotros y con el mundo que nos rodea. A la que empiezas a estirar del hilo, cada vez descubres más y más cosas; esto no cesa.