Donde pongo el foco, va mi energía.
“El pensamiento condiciona la acción; la acción determina los hábitos; los hábitos forman el carácter; el carácter moldea el destino”. Aristóteles.
¿Realmente somos conscientes de cómo nos enfocamos?
¿Nuestra actitud es receptiva, activa, reactiva o proactiva?
¿Sueles estar a la espera?
¿Esperando un suceso que haga sonar las campanas?
¿Esperando el juicio final?
¿Depositas en otros las claves y respuestas sobre tu existencia?
¿Tienes miedo o no sabes cómo tomar las riendas de tu vida?
¿Y si todo dependiese de nosotros, de nuestras decisiones?
Debemos reflexionar en la manera en que acudimos a un profesional, sea psicólogo o terapeuta, es decir, si vamos con una actitud proactiva, dispuestos a cambiar lo que sea necesario, o si vamos pasivos a ver qué nos dicen.
“Los problemas y conflictos están dentro de nosotros, las respuestas y soluciones también”.
La clave es el enfoque. El buen profesional te ayuda y da herramientas, pone el foco en ti y, en un proceso progresivo de autoanálisis, emerge con claridad la realidad y las soluciones.
Por eso es muy importante cómo nos enfocamos; solo así la transformación puede ser real y duradera.